El próximo Gobierno que surja de las elecciones deberá hacer frente a una grave crisis de vivienda y a la persistencia del brote inflacionario, en un contexto de estrechamiento del margen presupuestario. Las ayudas implementadas tras el conflicto en Oriente Medio, que han costado cerca de 12.000 millones de euros, han permitido mitigar el impacto económico, aunque su sostenibilidad es una preocupación.
A pesar de que la normalización de la situación en el estrecho de Ormuz podría reducir los precios de los hidrocarburos, la inflación no desaparecerá rápidamente. Se prevé que el IPC se mantenga por encima del 4% en los próximos meses, impulsado por la escasez de productos refinados y el aumento de los costes energéticos.
El foco de atención se ha desplazado hacia los mercados financieros, donde el aumento de los tipos de interés y el coste de la deuda a largo plazo han alcanzado niveles similares a los de la Gran Recesión. Este fenómeno, que se origina en Wall Street, también afecta a las economías avanzadas, especialmente en EE.UU. y Francia.
Los analistas sugieren que este aumento puede ser una reacción temporal de los mercados a la inflación, pero también podría reflejar un desequilibrio estructural entre la inversión en inteligencia artificial y un ahorro en declive debido a déficits públicos crecientes. Si esta tendencia continúa, podríamos enfrentar un escenario de tipos de interés elevados durante el ciclo de inversión tecnológica.
Además, las empresas que no hayan invertido durante la era de tipos bajos encontrarán más dificultades en el futuro, y las cargas financieras podrían afectar a la hacienda pública en los próximos años. Por ello, es crucial concentrar las ayudas públicas y evitar recortes que comprometan la sostenibilidad fiscal.
En cuanto a la deuda, el sector privado ha seguido reduciendo pasivos mientras acumula activos financieros. La ratio de deuda de las familias sobre el PIB ha descendido al 42%, por debajo de la media de la eurozona, mientras que la de las empresas se ha estabilizado en el 82%, casi 22 puntos menos que en Europa.