El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha aprobado la declaración de la trashumancia como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de patrimonio inmaterial. Este fenómeno social y cultural ha sido fundamental en la vida de los pastores y sus familias, debido a su naturaleza itinerante.
La trashumancia ha dejado una profunda huella en el patrimonio arquitectónico, cultural, etnográfico y paisajístico de la región, manifestándose a través de infraestructuras como chozos, tinados y casetas que sirven de refugio para los pastores, así como corrales, majadas, apriscos y toriles para el ganado.
Este movimiento estacional de ganado, que incluye ovino, caprino y vacuno, se realiza entre diferentes ecosistemas en busca de mejores condiciones climáticas y pastos más favorables. En 2023, la UNESCO incluyó la trashumancia en su lista representativa del Patrimonio Inmaterial.
Las rutas de comunicación que han surgido a raíz de esta práctica han dado lugar a una red de vías pecuarias, entre las que destacan la Cañada Real Segoviana, la Leonesa Oriental y el Cordel del Puente de San Fernando a El Pardo. Estos caminos han facilitado históricamente los intercambios económicos y culturales entre diversas zonas de la Comunidad de Madrid.
En la actualidad, la trashumancia se desarrolla principalmente en la Sierra Norte, la Cuenca del Guadarrama y la Cuenca Alta del Manzanares. Además, se utilizan herramientas tradicionales como el cayado y el garrote para el manejo del ganado, así como utensilios domésticos como calderos de hierro y fiambreras.
La trashumancia también está presente en los rituales festivos y religiosos de varios pueblos madrileños, destacando celebraciones como la fiesta de las vaquillas en Pedrezuela, Colmenar Viejo y Navalafuente, así como las cencerradas de Valdemanco y La Hiruela.