La quema de gas en el mundo ha aumentado por tercer año consecutivo, alcanzando los 167.000 millones de metros cúbicos en 2025, lo que representa un desperdicio estimado de 54.000 millones de dólares. Este incremento se produce en un contexto en el que muchos países, especialmente los más pobres, enfrentan serias dificultades para garantizar su seguridad energética.
El informe anual Global Gas Flaring Tracker, publicado por el Grupo Banco Mundial, destaca que los volúmenes de gas quemado en 2025 son casi equivalentes al consumo anual total de gas de África y superan los volúmenes anuales de gas licuado de petróleo que transitan por el Golfo Pérsico.
Nueve países, entre ellos Rusia, Irán, Iraq, Venezuela, México, Libia, Argelia, Nigeria y Estados Unidos, representan más del 80% de la quema global y casi la mitad de la producción mundial de petróleo. Según Demetrios Papathanasiou, director global de Energía del Banco Mundial, “el costo que tiene la quema continua para el desarrollo económico es sencillamente demasiado alto”.
El informe también señala que muchos países importan gas costoso mientras queman grandes cantidades en sus yacimientos petrolíferos. Para eliminar la quema regular a nivel mundial se necesitarían entre 70.000 millones y 100.000 millones de dólares, una cifra que representa menos del doble del valor anual del gas desperdiciado actualmente.
A pesar de que existen tecnologías y regulaciones adecuadas para reducir esta práctica, la quema persiste debido a factores estructurales como la regulación inadecuada y la falta de voluntad política. Kazajstán, por ejemplo, ha logrado reducir la quema en un 87% desde 2012, lo que incluye una reducción adicional del 16% solo en 2025.
La Asociación Mundial para la Reducción de la Quema de Gas y de las Emisiones de Metano (GFMR) del Banco Mundial trabaja para acelerar los avances en este ámbito, proporcionando asistencia técnica y apoyo a los sistemas de medición y verificación necesarios para lograr reducciones duraderas.