Madrid ha celebrado este domingo la XXXIII Fiesta de la Trashumancia, un evento que ha llenado de tradición ganadera el centro de la capital con el paso de 1.250 ovejas y 160 cabras. Esta iniciativa, que se lleva a cabo desde 1994, ha reunido a pastores, ganaderos y ciudadanos en torno a una práctica ancestral que juega un papel crucial en la conservación del patrimonio natural y cultural.
Uno de los momentos destacados de la jornada tuvo lugar en la plaza de la Villa, donde el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, recibió a los pastores y al rebaño. Durante el acto, se llevó a cabo la entrega simbólica de 50 maravedís por cada millar de ovejas y cabras, un pago que recuerda la contribución que los mayorales debían abonar a los procuradores del Concejo de la Villa de Madrid según la Concordia de 1418.
La presencia del rebaño en este emblemático enclave convirtió la plaza de la Villa en uno de los principales puntos de encuentro de la celebración, acercando a madrileños y visitantes a una tradición que forma parte de la memoria colectiva de la ciudad.
Tradición e historia en el centro de Madrid
El rebaño de este año estuvo compuesto por 1.250 ovejas de razas como la castellana, rubia de El Molar y entrefina, junto con 160 cabras guisanderas y de Guadarrama. Los animales fueron guiados por miembros de la Fundación Trashumancia y Naturaleza, que promueve y conserva esta práctica ganadera.
El recorrido del rebaño incluyó diferentes calles y espacios emblemáticos del centro histórico, desde la Casa de Campo hasta la plaza de la Villa, pasando por la plaza Mayor y la calle Bailén. Esta presencia del ganado en zonas habitualmente transitadas por vehículos y peatones permite recuperar, aunque sea de forma puntual, la conexión histórica entre Madrid y las rutas ganaderas que atraviesan la península.
La ganadería como herramienta de conservación
Más allá de su dimensión cultural y festiva, la Fiesta de la Trashumancia busca dar a conocer el valor de la ganadería en la protección del medio natural. El tránsito de los rebaños contribuye al mantenimiento de los pastizales, favorece la dispersión de semillas y ayuda a preservar distintos hábitats. Además, el pastoreo permite controlar la vegetación y reducir la acumulación de materia combustible, lo que puede contribuir a la prevención de incendios forestales.
Desde su recuperación en 1994, la Fiesta de la Trashumancia se ha consolidado como una cita del calendario tradicional de la capital, ofreciendo la oportunidad de reivindicar el papel de los pastores y ganaderos, así como la necesidad de preservar las vías pecuarias y los conocimientos vinculados al manejo del ganado.